Sermon: Battle of Wills

Sunday, October 1, 2017
Iglesia Luterana Cristo Rey, El Paso, TX
Seventeenth Sunday after Pentecost

El texto del evangelio que nos toca hoy presenta un encuentro casi cómico entre Jesús y los líderes del templo. Ellos se acercan a Jesús para engañarle y cuestionar su autoridad. Pero en vez de ser atrapado, Jesús les hace una pregunta que los deja en pánico. San Mateo describe la escena entre bastidores de los sacerdotes y los líderes frenéticamente discutiendo entre si cómo responder a Jesús sin reconocer su autoridad ni tampoco ofender a la gente.

Estos líderes han sido los guardianes de la historia y la fe de Israel por generaciónes. Están acostombrados a ser respetados por la comunidad. Pero sus intrigas contra Jesús demuestran que ya se preocupan más por preservar su privilegio social que por abrirse a las cosas nuevas que hace Dios. Son como el segundo hijo en la parábola, él que dice que sí va a hacer la voluntad de su padre, pero luego no lo hace.

Leyendo la historia en estos días, es fácil pensar mal de aquellos sacerdotes y líderes. Pero la verdad es que demostraban una tendencia muy humana: la de confiar más en la autoridad humana que la autoridad divina. Tampoco somos nosotros inocentes de hacerlo. Somos criaturas sociales, y sentimos la presión de conformarnos con las expectativas de nuestra sociedad humana. Y a veces eso nos hace perder la vista de las expectativas de nuestro Dios.

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Our gospel text for today presents one of those moments in which Jesus’ interaction with the chief priests and leaders is almost comical. These leaders have come to trick Jesus and question his authority. But instead of falling into their trap, Jesus answers their question with another question, leaving them in a panic. Matthew gives us a glimpse behind the scenes of them frantically whispering and plotting among themselves, trying to figure out how to denounce Jesus without offending the crowds.

These leaders have been the keepers of Israel’s history and faith for generations, and they are used to having the respect of the community. But this scheming against Jesus shows that they are more concerned with holding onto their social privilege and position than they are to opening themselves to what new things God might be doing. They are like the second son in the parable, who says he will do what his father asks, but then doesn’t.

Reading this story today, it’s easy to look down on the chief priests and leaders for their hypocrisy. But the truth is that it’s a very human tendency: we tend to trust more in human authority than in divine authority. We are often guilty of it as well. We are social creatures, and we feel the pressure to live up to social expectations. And sometimes that pressure can make us lose sight of what God expects of us.

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Hay varios ejemplos en nuestros días. Tal vez han visto las noticias de las protestas y contra-protestas de la NFL. Varios futbolistas se han arrodillado durante el himno nacional para protestar como este país trata a gente de color. Esta acción ha enfurecido a otros, que los acusan de faltar el respeto por la bandera y el himno nacional. Parece que se preocupan más por unos símbolos nacionales que por el tratamiento que reciben nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Y en nuestra misma iglesia, la ELCA, hay expectativas que toditas sus congregaciónes sean auto-suficientes dentro de 3 años – sin importar que sean comunidades de pocos recursos que sin embargo hacen buenas obras. Es una expectativa conforme con esta sociedad individualista y capitalista, pero tal vez no refleja muy bien el reino de Dios.

Y yo misma, confieso que no siempre hago lo que Dios pide de mi. Por ejemplo, tomé mi tiempo en responder a la llamada de Dios al ministerio. Aunque por fin fui al seminario, estaba cómoda en mi lugar, reconocida en mi comunidad, y ha sido difícil mudarme siempre a nuevas ciudades, y predicar a gente que ni siquiera me conoce.

Me imagino que ustedes pueden pensar en otras ocasiónes en sus vidas en que han visto que preferimos conformarnos con la voluntad humana y no tanto con la voluntad de Dios. NFL: Arizona Cardinals at San Francisco 49ers

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There are many examples in these days. Perhaps you have been following the news about the protests and counter-protests at NFL games. Many professional football players have been kneeling before games during the national anthem, in protest of the way this country treats people of color. Some people have been deeply offended by this, and have accused the players of disrespecting the flag and the national anthem. It seems that these folks are more worried about venerating patriotic symbols than about making sure our sisters and brothers in Christ are treated with respect.

In our church, the ELCA, the expectation for developing congregations is that they will be self-sufficient in three years, regardless of the socioeconomic status of a congregation or the good work it does. This is a business model that makes sense in our individualistic, capitalistic society, but I can’t help but wonder how well it reflects God’s kingdom.

And I fully confess that I often fall short of doing what God asks of me. I took my sweet time answering God’s call to prepare for ordained ministry. I was happy and respected in the community where I lived; and following this call has meant traveling to places I’ve never been before and standing up to talk in front of people who don’t even know me.

I’m sure you can think of even more examples you’ve seen in your lives of the ways we often choose to work toward living up to human expectations, instead of God’s.

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Las expectativas del mundo siempre están cambiando, y cumplir con ellas nos da poco en cambio. Pero Jesús continuamente nos invita a vivir algo mejor, a seguir un camino que se guía hacia la vida. Igual que el padre en su parábola, Dios, nuestro Padre celestial, nos invita a nosotros a trabajar en su cosecha de uvas; o en otras palabras, nos invita a trabajar por su reino, haciendo su voluntad. ¿Y qué es la voluntad de Dios? ¿Qué pide que hagamos?  Son los dos mandamientos más importantes: amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amar al prójimo como a ti mismo.

Vemos ejemplos de ese amor en nuestro mundo también, ¿verdad? En mi opinión, tenemos aquí mismo en la comunidad de Cristo Rey un ejemplo excelente. Veo aquí una gente que trata sinceramente a hacer la voluntad de Dios en cuanto al amar a su prójimo. Ustedes están entre las pocas congregaciónes que han dado la bienvenida a nuestros hermanos y hermanas que vienen aquí solicitando refugio. Han recibido a los que vienen huyéndose de la violencia en Centroamerica con brazos abiertos, con los recursos que tengan, y con mucho amor. Muchos de ustedes han sido marginados por este país, que les ha tratado con poca hospitalidad, y están abriendo su comunidad a personas aún más marginadas. En mis ojos, eso es pura obra de Dios por medio de ustedes. Y pienso que tal vez son como los que levanta Jesús, los cobradores de impuestos y las prostitutas, que preceden a los demás en el reino de Dios. 3

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The world’s expectations of us are constantly changing, and living up to them doesn’t give us much in return, except maybe more expectations to live up to. But Jesus is continually inviting us into a better way, a way that leads to life. Just like the father in Jesus’ parable, our heavenly Father invites us to work in God’s vineyard; in other words, to work for God’s kingdom, doing God’s will. And what is God’s will? What is it God asks of us? Jesus gives us the two greatest commandments: to love God with all our heart and with all our soul and with all our mind, and to love our neighbor as ourselves.

And we see examples of that love in our world too, right? From what I can see, we have an excellent example right here in the community of Cristo Rey. I see a community of people sincerely trying to live out God’s will, especially in loving their neighbor as themselves. You all are among the few congregations who have welcomed our sisters and brothers who have come here seeking asylum. You have received those who have come fleeing violence in Central America with open arms, with what resources you have, and with love. Many of you have been marginalized by this country, which never gave you a generous welcome, and yet you generously welcome those who are even more marginalized still. I clearly see God working in and through you. And I think that maybe you are like those whom Jesus lifts up: the tax collectors and prostitutes, leading the rest of us into the kingdom of God.

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En fin, para mi, lo más bello de este texto es que aunque hagamos la voluntad de nuestro Padre o no la hagamos, no hay nadie que se excluye del reino de Dios. Nadie. Puede que algunos entren primero en su reino, pero todos están bienvenidos. Estas son las buenas nuevas. Porque no importa que tan buena seamos, somos humanos y eventualmente fallamos en algo. Y por tan malos que seamos, eventualmente hacemos algo bien! Solo Dios es perfecto. Y cada día nos da una nueva oportunidad de aceptar su invitación a trabajar en su cosecha de uvas, seamos sacerdotes o cobradores de impuestos, profetas o prostitutas, fariseos o hasta una interna humilde.

Entonces, mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, escuchemos hoy la llamada de nuestro padre y aceptemos su invitación a trabajar en la viña del Señor. Y confiemos que aunque estemos entre los primeros o los últimos a entrar, hay un lugar para cada uno de nosotros en el reino de Dios.

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In the end, what I find most beautiful and most hopeful about this text is that whether we do the will of our Father or not, no one is excluded from the kingdom of God. No one. Some may go first to show the rest of us the way, but all are welcome in the kingdom.  This is truly good news. Because no matter how good we may be, we are human and eventually we fail. And no matter how bad we may be, eventually we’ll slip up and do something good! Only God is perfect. And every day, God gives us a new opportunity to accept the invitation to work in God’s vineyard, whether we be chief priests or tax collectors, prophets or prostitutes, pharisees or lowly seminarians.

So come, my dear siblings in Christ, and let us accept the invitation to work in the vineyard of our heavenly Father, knowing that whether we are first or last, there is a place for every one of us in the kingdom. Amen.

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