Sermon: Signs of the Kingdom

john_the_baptist_in_prison_350Third Sunday of Advent /
Tercer Domingo de Adviento
December 11, 2016 /
11 de diciembre, 2016
First Lutheran Church of Logan Square

Matthew 11:2-11 / Mateo 11:2-11

In our Gospel reading for today, John asks Jesus a question that I find really surprising: “Are you the guy we’ve been waiting for, or should we keep waiting for someone else?” I mean, this is John. The. Baptist. If anyone knows who Jesus really is, shouldn’t it be this guy? You’d think that seeing the heavens cracked open and a dove descending on Jesus and then hearing the voice of God when he baptized Jesus would be pretty convincing proof that Jesus is the Messiah.

But John had hit some really hard times. I mean really hard. After a wildly successful prophetic career, he made the wrong people angry and wound up in prison. And prison in the days of the Roman Empire wasn’t quite like prison is now. Most Roman prison sentences ended one of two ways: with exile, or with execution.

Last week, we heard John’s fiery preaching from the banks of the Jordan; he declared that one was coming who would baptize with the Holy Spirit and with fire! This one would separate the wheat from the chaff and take an axe to the trees that no longer produced fruit! John was waiting for a powerful savior who would liberate his oppressed people. But when Jesus started his ministry, it wasn’t what John expected. There was no fire, no axes. There wasn’t even any wheat, except for the bread that Jesus kept breaking and sharing with everyone.

And so John wondered – “Has my whole ministry been in vain? Did I devote my life to the wrong thing?”

En nuestra lectura del evangelio, Juan hace una pregunta a Jesús que me sorprende: “¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperara otro?” Me sorprende porque estamos hablando de Juan. El. Bautista. Si alguien sepa verdaderamente quien es Jesús, ¿no será Juan? Se imagina que haber visto los cielos abrirse y una paloma descender por Jesús y luego escuchar la mera voz de Dios cuando bautizó a Jesús sería evidencia suficiente que Jesús es el Mesias, el Cristo.

Pero Juan está en medio de unos tiempos difíciles. Bien difíciles. Despues de una carrera exitosa como profeta, molestó a la gente equivocada y terminó su carrera en la carcel. Y en esos días del imperio romano, la carcel no era como ahora. La mayoría del tiempo, las sentencias romanas se acabaron de una de dos maneras: o en exilio o en ejecución.La semana pasada, escuchamos las proclamaciónes apasionadas de Juan desde las orillas del río Jordan; declaró que uno venía y que él bautizaría con el Espiritu Santo y con fuego! Aquel Mesias separaría el trigo de la paja, y cortaría con la hacha todos los árboles que ya no produzcn fruta! Juan esperaba un salvador poderoso para 3af4dc2770ec2322242cebe7522a4520liberar a su pueblo oprimido. Pero cuando Jesús empezó su ministerio, no era lo que esperaba Juan. No había ni fuego ni hachas. Ni siquiera había trigo, menos en el pan que Jesús compartía con todos.

Así que Juan se preguntó, “¿He hecho todo mi ministerio en vano? ¿Dediqué mi vida a la cosa equivocada?”

I suspect that most of us have been in John’s shoes at one point or another. I mean, none of us have probably been in a Roman prison, but we can relate with the feeling of doubt and of disappointed expectations. I mean, I’ve devoted my life to studying this Jesus guy and to trying to be a pastor, and there are definitely moments when I wonder if I’m crazy for doing it, if I’m crazy for setting my hopes on Jesus and the promises he makes.

This doubt creeps into our hearts especially when things aren’t going our way – just like when John was in prison. The company where we work is making cuts and downsizing and so we lose our job. An unexpected illness wipes out our entire life savings. Skyrocketing housing prices force us out onto the streets of the neighborhood that is our home. Death takes the ones we love.

John brings the darkness of disappointment and doubt into the question he asks Jesus. “Are you the one who is to come?”

Sospecho que la mayoría de nosotros hemos tenido la experiencia de Juan. Bueno, dudo que alguno haya pasado tiempo en una carcel Romana, pero me imagino que nos relacionamos bien con los sentimientos de duda y desilusión que tenía Juan. ¿No es cierto? En mi caso, he dedicado mi vida al estudio de Jesucristo, y al ser pastora, pero hay momentos en que me pregunto si soy loca por hacerlo, si soy loca por poner mi fe en Jesús y en las promesas que nos hace.

A veces tenemos estas dudas en nuestros corazónes, especialmente cuando las cosas estén mal – como cuando Juan estaba en la carcel. Por ejemplo, la compañia donde trabajamos está cortando su presupesto y nos despiden. Una enfermedad inesperada se acaba con nuestros ahorros. Altos gastos de alojamiento nos expulsan de nuestras casas y nos dejan sin hogar en las calles de nuestro vecindario. La muerte lleva a nuestros seres queridos.

La pregunta de Juan a Jesús está llena de esta duda y desilusión: “¿Eres tú el que ha de venir?”

When John asks Jesus if he is the one to come, Jesus doesn’t just give John the easy answer, “Yes, of course I am.” He doesn’t even answer him with, “Are you serious?? How can you ask me that? Have you already forgotten about the whole voice of God thing?” Instead, Jesus says, “Look and see.” Look and see.

John’s disciples look and see that the blind receive their sight, the lame walk, the lepers are cleansed, the deaf hear, the dead are raised, and the poor have good news brought to them. With Jesus, the kingdom of heaven doesn’t come with unquenchable fire and axes. The kingdom of heaven comes with works of healing and reconciliation and hope.

As hopeless as things may seem sometimes, we, too, can look and see the signs of the kingdom in the world around us. They are there, if we have the faith to look for them. As I was writing this sermon, I pulled a few headlines of hopeful things that happened just in this last week:

  • In Philadelphia, last week, a radio show raised 683 tons of food and $75,000 for a food bank in just 5 days.
  • In Texas, a home supply store just hired a disabled veteran and his service dog, Charlotte.
  • In England, a computer scientist designed a pen for a graphic designer with tremors from Parkinson’s disease; and she was able to write her own name for the first time in years.
  • In Idaho, a woman diagnosed with stage 3 Hodgkin’s lymphoma, with no insurance, was surprised with a flash mob staged by a group of people who didn’t even know her. They raised tens of thousands of dollars to cover her medical bills: one by one, hundreds of perfect strangers walked up to the table where she and her husband sat, and each one placed a single hundred dollar bill on the table.

Look and see. The kingdom of heaven is breaking into this world, and the signs of it are all around us. And so there is reason for hope, even in the midst of dark times. Jesus is present to us even now, opening the eyes and ears of our hearts, bringing hope and healing in unexpected ways and in unexpected places.

So have faith. And rejoice, for the kingdom of Heaven is near.

Cuando Juan le pregunta a Jesús si es el que ha de venir, Jesús no le da la respuesta fácil: “Claro que sí, lo soy.” Ni tampoco le responde, “¿En serio? ¿Cómo puedes preguntarme eso? ¿Ya te olvidaste de lo de escuchar la voz de Dios?” En vez de estas respuestas, Jesús le dice: “Miren, y vean.” Miren y vean.

Los discípulos de Juan miran y ven que los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen lepra son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se anuncian las buenas nuevas. En Jesús, el reino de los cielos no viene con fuego ni con hachas. El reino de los cielos viene con obras de sanación y reconciliación y esperanza.

Aún en los momentos más desesperados, nosotros también podemos mirar y ver los signos de ese reino en nuestro mundo. Sí existen, si tenemos la fe a buscarlos. Mientras escribía este sermón, estaba viendo las noticias de algunas cosas buenas que sucedieron en la semana pasada:

  • En Filadelfia, la semana pasada, un show de radio recaudó 683 toneladas de comida, y $75,000 para un banco de comida en solo 5 días.
  • En Texas, una tienda de cosas para el hogar dió trabajo a un veterano discapacitado y también a su perro de servicio.
  • En Inglaterra, un científico de computación diseñó un bolígrafo para una diseñadora gráfica con temblores de la enfermedad de Parkinson. Ya puede escribir su propio nombre por primera vez en varios años.
  • En Idaho, un grupo de personas sorprendió una mujer con cáncer que no tenía seguro de salud. Sin haberla conocido, recaudaron decenas de miles de dólares para ayudarla con sus billes. Uno por uno, cientos de personas pasaron por donde estaba sentada con su esposo, y cada uno dejó un billete de cien dólares.

Miren y vean. El reino de los cielos está irrumpiendo en este mundo, y se encuentra los signos de su presencia por todos lados. Tenemos razón por esperar, incluso en tiempos de oscuridad. Jesús está presente con nosotros ahora, abriendo los ojos y los oídos de nuestros corazónes. Trae esperanza y sanación a lugares inesperados y de maneras inesperadas.

Así que tengan fe. Y alégrense, porque el reino de los cielos está cerca.

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About Day Hefner

Day Hefner is a seminarian at the Lutheran School of Theology in Chicago (LSTC), going through the candidacy process to become an ordained pastor in the Evangelical Lutheran Church in America (ELCA). Before moving to Chicago for seminary, she worked teaching English and job skills to refugees and immigrants in her native state of Nebraska, and also spent a year on staff at the Nebraska Synod office. Prior to that, she served for four years as a Peace Corps Volunteer in the Dominican Republic. Currently, she works part-time as an itinerant preacher. Her interests include Latinx ministry and immigration activism, as well as interfaith and development/redevelopment ministry. She also has a degree in music, loves cats, and is an avid crafter.
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