Grandes promesas: un sermón para el Día de los Santos Muertos de la Reforma-Halloween

 

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El altar para el Día de los Muertos en la iglesia luterana Nueva Esperanza

Domingo de Todos los Santos
(Según la predicadora)

Domingo de la Reformación
(Según el director de música)

Domingo 24 después de Pentecostés
(Según la secretaria/liturgista)

Domingo, 30 de octubre, 2016
(Según todos)

Iglesia Luterana Nueva Esperanza, Aurora, IL

Daniel 7:1-3, 15-18
Salmo 149
Efesios 1:11-23
Lucas 6:20-31

.

Las dos semanas que vienen están llenas de días muy importantes y emocionantes. Mañana, la iglesia Luterana celebrará el aniversario de la Reformación, en que Martín Lutero reformó la iglesia Catolica y creó la iglesia Luterana. El día siguiente, la iglesia global celebrará el Día de Todos los Santos, como observamos hoy, y el día después de eso, claro, celebraremos el Día de los Muertos. Además, en la semana que viene, habrá una elección histórica en la cual se decidirá quienes serán los líderes del país por los cuatro años que vienen. ¡Hay muchas cosas!

Pero hoy, me gustaría empezar mis reflecciónes con el día que tal vez menos esperaban: Halloween

img_5636A mi me encantaba el Halloween cuando era niña. Me encantaban las fiestas en la escuela, y me gustaba correr por todo mi pueblito pidiéndo dulces de mis vecinos. Pero lo que más me gustaba de todo eran los disfrazes. Cada año, mi mamá sacó su máquina de coser e hizo los disfrazes más increíbles y elaborados para mi hermana, mi hermano, y yo. Ella era súper creativa e imaginativa. Para nosotros, hacía mágia.

La extraño mucho durante este tiempo del año. Ella murió un poco antes de mi noveno Halloween. Y ya no tuvimos más disfrazes caseros. La extraño – extraño sus talentos por coser y cocinar. Extraño su risa. Extraño tenerla en mi vida. Siento mucho duelo por su ausencia, pensando en todos los momentos de la vida en que no pudo estar conmigo, los muchos momentos en que ha hecho falta: 23 Halloweens, y muchas cosas más.

207854_503528489365_2333_nSiempre pienso en ella en el Día de Todos los Santos, el día después de Halloween. En este día, recordamos a todos aquellos que nos han precedido – los grandes de la historia cristiana, claro – y también los más cercanos a nosotros. Y en este día, profesamos de nuevo nuestra fe en las promesas que Dios nos ha hecho, incluso la resurrección de los muertos. Nuestros textos para el día de hoy nos prometen que “recibirémos el reino” y que “será nuestro para siempre, ¡para siempre jamás!” como nuestro herencia con cristo, que “brotarán de nuestras gargantas alabanzas a Dios,” y que nuestro Dios tiene el poder de levantarnos aún de la muerte.

Pero esperar en estas promesas – especialmente en la promesa de la resurrección – puede ser algo doloroso y elusivo. Dudo que haya ninguno aquí cuya vida no ha sido afectada por la muerte de alguien querido. El dolor de perder a alguien es pesado, y puede hacer más difícil que confiemos en la promesa del reino de Dios en que se levanta a los muertos y recibimos la vida eterna. Es arriesgado confiar en esa esperanza, porque la desilusión podría hacernos sentir como si hubiéramos perdido nuestros seres queridos de nuevo. ¿Cómo podemos confiar en una promesa así?

Estamos acostombrados a escuchar promesas en que no creemos. Especialmente en estos días, el aire está lleno de promesas. Falta poco para la elección presidencial y parece que algunos de los candidatos están dispuestos a decir cualquier cosa para ser elegidos. Los candidatos politicos en sus campañas prometen varias cosas buenas: más trabajos, mejor educación e infraestructura, cuidado de la salud, y seguridad y prosperidad para todos. Claro, algunos no prometen cosas tan bonitas, pero igual, quieren dar a la gente lo que quiere. Pero implementar estos mejoramientos casi siempre termina siendo mucho más difícil y complejo de lo que dicen los candidatos. Por lo tanto, ya estamos acostombrados a la decepción. Confiamos poco en las personas que hacen grandes promesas. Y no hay nadie que nos hace promesas más grandes que Dios.

Las promesas de la campaña de Dios son las más grandes de todos. Porque Dios no hace campaña para gobernar una provincia ni un país; Dios hace campaña para gobernar nuestros corazones. Hace campaña para que entremos en su reino. Y como somos sus hijos, ya sabe lo que necesitamos y lo que esperamos aún mejor que nosotros mismos.

Entonces, ¿cómo sabemos que podemos confiar en la promesa de Dios?

Bueno, primero de todo, tenemos la biblia, que contiene las historias de Dios, de sus obras de poder y amor. Estos textos fueron escritos con mucho cuidado; organizado, y preservado con mucho amor durante miles de años de la historia humana. Tenemos historias de las grandes obras de Dios: creando vida en desiertos, sanando a los enfermos, dando comida a los hambrientos, y liberando a esclavos oprimidos. Tenemos la historia más grande de todos: de Dios venir a la tierra como un niño, que hizo milagros de sanación, enseño, predicó, y que murió y luego se levantó de entre los muertos en carne y sangre.

Además, tenemos el testimonio de testigos fieles durante más de 2,000 años de historia cristiana. Estos creyentes apostaron sus vidas y sus esperanzas en las promesas de nuestro Dios. Desde Moisés a Mateo, Marco, Lucas, y Juan, y hasta un monje alemán llamado Martín Lutero que reformó la iglesia hace cinco siglos, nos han precedido muchas personas en la fe. Estos han escuchado y experimentado las obras maravillosas de Dios y han creído en él. Muchos de nuestros seres queridos, incluso mi mamá, ya forman parte de esa gran multitud de testigos. Podemos confiar en las voces de nuestros antepasados en la fe.1dd3a867b10c8a3ca7480630771baca1

Pero la razón más importante por poner nuestra fe en las grandes promesas del reino de Dios es que son promesas dignas de nuestra confianza y nuestra esperanza. A diferencia de las promesas limitadas de las campañas políticas, las promesas de Dios son extravagantes, promesas que trascenden las fronteras de la vida y la muerte. En su reino, Dios resucitará a los muertos. Nos dará la vida eterna y heredaremos el reino junto con Cristo. Dios exaltará a los humildes, y humillará a los poderosos. Bendecirá a los pobres entre nosotros, dar de comer a los hambrientes, y dar amor a los despreciados.

Y aún los que tienen riquezas y panzas llenas y buenas reputaciónes tendrán lugar en este reino. Dios nos llama a todos a usar los dones y las riquezas materiales que tenemos para el servicio del reino. Cristo nos anima a hacer bien a los demás, a orar por los demás, a ser generosos y dar a otros lo que nos pidan, y a tratar a los demás tal y como queremos que ellos nos traten a nosotros. Nos llama a todos para ser co-herederos del reino, y además, co-creadores, ayudando a construir poco a poco el reino de Dios en este mundo.

Esto ha sido la tarea de la iglesia por más de 2,000 años: fijar nuestras esperanzas en el reino prometido de Dios, y vivir con alegría como si ya estuviera. Mientras hacemos estas cosas, unimos nuestras vidas y nuestras esperanzas con las de todos los santos, incluso los que más hemos querido. Nos juntamos con ellos en cantar el himno de alabanza sin fin a nuestro Dios. Es nuestra esperanza en las promesas de Dios que nos une a todos en la vida y en la muerte.

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De una predicadora peregrina

Feliz Halloween.

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