Sermón: Orando sin cesar

Domingo, 24 Julio, 2016
Iglesia Luterana Nueva Esperanza, Aurora, IL

Lucas 11:1-13Julius-Caesar-Find-Dutch-Battle-Site-Where-Roman-Emperor-Killed-150000-People
Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo: —Cuando oren, digan:

“Padre,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Danos cada día nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden.
Y no nos metas en tentación.”

Supongamos —continuó— que uno de ustedes tiene un amigo, y a medianoche va y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues se me ha presentado un amigo recién llegado de viaje, y no tengo nada que ofrecerle.” Y el que está adentro le contesta: “No me molestes. Ya está cerrada la puerta, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme a darte nada.” Les digo que, aunque no se levante a darle pan por ser amigo suyo, sí se levantará por su impertinencia y le dará cuanto necesite.

Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.

¿Quién de ustedes que sea padre, si su hijo le pide un pescado, le dará en cambio una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!

Me encanta este imagen que nos presenta Lucas: de Dios como un padre cariñoso. Dios es generoso y compasivo y quiere darnos cosas buenas a nosotros sus hijos. Y Jesús demuestra que nuestro padre celestial ama aún más a nosotros, sus hijos, que cualquier de los padres humanos más devotos. Solo hay que pedir, nos dice Jesús, y se nos dará. Buscamos, y encontraramos.

Claro, hay que tener cuidado cuando hablamos de este texto, porque no queremos reducirle a Dios a un cajero automático o un mago. Dios no aparece de repente con su varita mágica para cumplir nuestros deseos. Pero Dios sí nos oye cuando oramos. En nuestra lectura del antiguo testamento, vimos que Dios escuchó y respondió a las oraciones de Abrahán. Dios también responde a nuestras oraciónes, pero a veces puede ser difícil entender, ni menos acceptar, las respuestas que nos da nuestro padre celestial.

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Mi papá y yo en Santo Domingo frente al Cuerpo de Paz en 2011

Me hace pensar en mi relación con mi propio padre – mi padre ‘terrenal.’ Falleció mi mamá cuando yo apenas tenía nueve años, y la gran parte de la carga de criar tres niños se cayó en mi papá. Él siempre era quien nos cuidaba y nos apoyaba. Igual que el imagen que dió Jesús del buen padre, mi papá era siempre generoso y sabía darnos buenas cosas. Nunca me dió ninguna serpiente – ni tampoco escorpiónes! No quiere decir que siempre nos daba todito lo que le pedimos, pero siempre nos daba lo que necesitabamos. Y habían momentos en mi juventud en que me costó entender eso.

Mientras estudiaba este texto, pensaba en mi último año del preparatorio. (Ya hace poquito tiempo). Tenía diecisiete años, y estaba enamoradísima de un chico que conocí durante una gira de coros el verano anterior. Ya eramos novios, pero había un problemilla: él vivía en New Hampshire, un poco más allá de Nueva York. Sin importar eso, mantuvimos una relación de larga distancia por medio de cartas y llamadas telefónicas por varios meses. Y yo estaba firmamente decidida que iba a ir con él a su baile de graduación… en New Hampshire.

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Mi ex-novio y yo

Mi papá no estaba precisamente encantado con esta posibilidad. Su hija adolescente quería viajar casí al otro lado del país para estar con un niño adolescente y su familia, quienes eran todos desconocidos por mi papá. No le gustaba la idea para nada. Y por semanas, yo trataba de convencerle a mi papá a cambiar su mente y dejarme ir. Estaba por lo menos tan insistente y persistente como el vecino en el cuento de Jesús. Pero mi papá siempre me decía que no.

Finalmente, los padres de mi novio ofrecieron comprar los boletos para mi viaje a New Hampshire, y su abuela me ofreció donde quedarme en su casa para asegurar el conducto santo de todos. Aja!, pensé yo, ya no le queda ninguna razón a mi papá por decirme que no.

Volvió a decirme que no. No lo podía creer. No le iba a costar ningún centavo mandarme a New Hampshire, y no era la primera vez que yo había viajado fuera del estado. No confiaba él en mi? No quería que estuviera feliz? Me estaba castigando por algo? Sentía bien enojada. Y ofendida. Y triste. Me fui llorando a mi cuarto y ahí me encerré por muchas horas.

Cuando finalmente volví a salir, encontré una carta con mi nombre en la mesa de la cocina. Mi papá, un hombre serio, estoico, conservador, me había abierto su corazón por medio de esta carta, explicándome porque no podía dejarme viajar a New Hampshire. Escribió de lo mucho que me ama a mi y a mis dos hermanos, de como nuestra madre sigue viva por medio de nosotros, y de que no podía arriesgar que algo mal me pasara mientras estaba tan lejos de casi todas las personas que conocía. Mi papá me amaba demasiado para dejarme tomar ese riesgo.

Todavía estaba enojada. Y me tomaron años para empezar a entender ni apreciar las cosas que me escribió mi papá en esa carta. Había pedido, pero no recibí lo que quería. Toqué la puerta con toda mi fuerza, pero se quedó cerrada.

Por eso, pensé en esta historia cuando empecé a estudiar este texto. Es un texto a veces muy difícil de comprender. No dudo que a todos nosotros nos ha pasado veces en que orabamos por una cosa con todo nuestro ser, pero no recibimos lo que pedimos. Y me imagino que algunas de esas cosas eran mucho más serias que una niña que quería asistir a un baile con su novio. Oramos que Dios sane a nuestros seres queridos que tienen cáncer. Oramos por reformas migratorias que den paz y estabilidad a nuestros familiares. Oramos poder proteger a nuestras familias en un mundo lleno de odio y violencia. Y nos frustramos, y nos enojamos, y nos sentimos lastimados cuando parece que Dios ni siquiera nos está escuchando.

Pero en la lección de hoy, Jesús nos demuestra la respuesta más fiel que podemos dar cuando parece que Dios no nos responde: orar sin cesar. Y no estamos hablando de una oración cortés y callada. Me refiero a una oración que golpea la puerta de Dios a medianoche, igual que el vecino en el cuento de Jesús. La respuesta más fiel que podemos dar a nuestro padre celestial no es quedarnos quietos y fingir que todo está bien, sino llevarle nuestra frustración y enojo y tristeza a él en nuestras oraciónes constantes. Esto señala que confiamos que Dios cumplirá con sus promesas.

Esta manera de orar fomenta nuestra relación y confianza con Dios. Nos ayuda a crecer en entendimiento y sabiduría sobre el corazón de Dios, y la voluntad de Dios en el mundo. Yo jamás habría entendido porque mi papá no me dejó viajar si no hubiera persistido en preguntarle sobre eso. Él quería darme todo lo que yo quería, y tal vez si vivieramos en un mundo más seguro para las jovenes que viajan solas, me habría permitido ir. Pero habían dinámicas más allá de nuestra relación – más allá de mi comprensión – que hicieron imposible que él me dejara ir. Pero por mi persistencia, él me abrió su corazón, y a través de mucho tiempo, estas experiencias fortalecieron nuestra relacion.

Igual que nuestros padres, Dios no siempre nos da las cosas que le pedimos. Pero eso no quiere decir que Dios no nos escucha, ni tampoco que Dios no nos ama. Jesús nos enseña a orarle a Dios como “padre” – una palabra más íntima que “Señor.” Podemos acercarnos íntimamente a nuestro Padre celestial, porque él quiere darnos buenas cosas, aún mas que nuestros padres terrenales.

Puede que nunca entendamos porque hay tanta violencia y enfermedad y tragédia en este mundo que Dios creó, a pesar de nuestras oraciones. Pero sí podemos confiar en el amor y bondad de Dios. Y es precisamente por eso que nunca debemos dejar de rogarle a Dios, de pedirle que ponga fin a las cosas malas que suceden. Podemos seguir el ejemplo de Abrahán en rogar a Dios sin cesar por misericordia y compasión. Y también podemos seguir el ejemplo de Job en pedirle a Dios la justicia. Abrahán y Job tenían mucha fe en la bondad y misericordia de Dios, y por lo tanto, podían orar así! Los dos sabían que el sufrimiento que vieron en el mundo no fue parte del amor y gracia de Dios. Confiaban que Dios no los había abandonado, y llevaron sus preocupaciones a él en la oración. Pudieron hacer esto por la relación y la confianza que ya tenían con Dios.

Aquí, vale notar el orden de la oración que Jesús enseña a sus discípulos. La primera palabra es “padre.” Ante todo, Jesús pone su oración en el contexto de relación. Quiere que nos relacionemos con Dios, como hijos a su padre. Ni llega a “libranos del mal” hasta el final de la oración. Jesús pide el pan de cada día que necesitamos, el reino que esperamos, y el perdón que sana nuestros corazónes; pero sobre todo, él pone todas estas cosas con confianza en las manos de nuestro padre de amor.

Para terminar, quiero invitarles a orar conmigo la oración que Jesús nos enseñó a nosotros…

Padre nuestro,
Que estás en los cielos,
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra
Como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,Como también nosotros perdonamos
A los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación
Y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, el poder, y la gloria,
Ahora y siempre.
Amen.

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About Day Hefner

Day Hefner is a seminarian at the Lutheran School of Theology in Chicago (LSTC), going through the candidacy process to become an ordained pastor in the Evangelical Lutheran Church in America (ELCA). Before moving to Chicago for seminary, she worked teaching English and job skills to refugees and immigrants in her native state of Nebraska, and also spent a year on staff at the Nebraska Synod office. Prior to that, she served for four years as a Peace Corps Volunteer in the Dominican Republic. Currently, she works part-time as an itinerant preacher. Her interests include Latinx ministry and immigration activism, as well as interfaith and development/redevelopment ministry. She also has a degree in music, loves cats, and is an avid crafter.
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