Feet are Gross: A Maundy Thursday Sermon

Maundy Thursday / Jueves Santo
March 24, 2016 / 24 Marzo, 2016
Saint Andrew Lutheran Church/Iglesia Luterana San Andrés
John 13:1-17, 31b-35 / San Juan 13:1-17, 31b-35
(English & Español)

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This semester at seminary, I’ve been taking a preaching class, and last week, one of my classmates – Denise – preached a really awesome sermon about this evening’s gospel text. She focused on Jesus’ act of washing his disciples’ feet, but what really stuck with me about Denise’s sermon was that she didn’t just preach it; she actually took off her robe, poured water into a basin, and made it very clear that she had every intention of actually washing our feet.

That kind of freaked me out a little bit. I mean, baring your feet and letting someone else touch them is awkward under the best of circumstances – but in my case, I actually have a skin infection on both of my feet and one of my toenails that’s kind of embarrassing and gross (in fact, it’s actually really hard to even admit it here), so I was mortified by the idea of taking off my shoes and socks and showing my gross feet to everyone.

In our gospel story, the disciples – especially Simon Peter – were also a little put off by Jesus’ act of footwashing. Obviously, we don’t know whether any of them suffered from any sort of skin infection, but after roaming around the streets of Jerusalem and the Judean countryside in sandals, it’s a pretty safe bet that their feet didn’t exactly smell like roses. It’s understandable when Peter declares to Jesus, “You will never wash my feet.”

Este semestre, en el seminario, estoy tomando una clase de predicación. La semana pasada, mi compañera de clase, Denise, hizo un sermón excelente sobre esta lectura del evangelio. Se enfocó en el acto de Jesús de lavar los pies de los discípulos, pero lo que más me impresionó de su sermón fue que no solamente nos lo predicó; ella se quitó su manto, echó agua en un recipiente, y se preparó para lavarnos los pies a nosotros.

Eso me asustó un poco. Digo, ya es incómodo desnudarse los pies y dejar que otra persona los toque – pero en mi caso, es peor aún porque tengo una infección de la piel y de una uña de los pies que me da mucha vergüenza y asco (de hecho, aún aquí me cuesta confesárselo), y por lo tanto, estaba mortificada por la idea de quitarme los zapatos y los calcetines y dejar que todos vieran mis pies asquerosos.

En nuestro evangelio, los discípulos – especialmente Simón Pedro – también se asustaron un poco por Jesús querer lavarles los pies. Obviamente, no sabemos si alguno de ellos también sufría de una infección de la piel, pero sí podemos imaginar que después de recorrer las calles de Jerusalén y los campos de Judea en sandalias, sus pies no olían precisamente a rosas. Se entiende cuando Pedro declara a Jesús, “Jamás me lavarás los pies.”

Even though John focuses mainly on Peter’s reaction to Jesus, I find myself wondering more about how one of the other disciples may have reacted: Judas. Yes, Judas was there. We tend to think of this footwashing scene as a loving moment shared only between Jesus and his faithful disciples, but according to John, Judas doesn’t actually leave until later in chapter 13. So we’re left to assume that Jesus washed his feet as well.

And you’ve got to wonder: what was that moment like?? John says in our gospel reading that “the devil had already put it into” Judas’ heart to betray Jesus,” so clearly the relationship between Jesus and Judas was already a broken one. Judas knew that this would be the last evening he would spend with Jesus and the other disciples.

So I imagine that he felt pretty tense as he sat at that table with Jesus and the disciples. And that tension grew into confusion as Jesus got up, stripped off his outer robe, and tied a towel around himself. I imagine Judas growing more and more anxious as Jesus poured water into a basin and slowly began to wash the feet of each disciple. What must Judas have felt when his turn came? Fear? Remorse? Shame? What was it like to have Jesus – the teacher and friend he had betrayed – kneel before him and lovingly wash his wayward feet?

San Juan se preocupa principalmente con la reacción de Pedro a Jesús, pero confieso que yo me pregunto más por la reacción de otro discípulo: Judas. Sí, Judas estaba ahí. Tendemos a pensar en este momento del lavado de los pies como un momento tierno e intimo compartido solamente entre Jesús y sus discípulos más fieles. Pero según Juan, Judas no sale hasta más tarde en el capítulo 13. Así que tenemos que suponer que Jesús también le lavó los pies a él.

Tengo mucha curiosidad de saber: ¿cómo fue ese momento?? Juan nos dice en nuestra lectura que “el diablo ya había incitado a Judas para que traicionara a Jesús,” así que podemos ver que la relación entre Jesús y Judas ya estaba rota. Judas ya sabía que sería su última noche con Jesús y los discípulos.

Por eso, imagino que Judas estaba bastante tenso mientras se sentaba en la mesa con Jesús y los discípulos. Imagino que esa tensión se convertió en confusión cuando Jesús se levantó, se quitó su manto, y se ató una toalla a la cintura. Imagino que Judas se puso más y más ansioso cuando Jesús echó agua en un recipiente y lentamente empezó a lavar los pies de cada discípulo. Pero ¿qué se sintió cuando Jesús llegó a él? ¿Miedo? ¿Remordimiento? ¿Vergüenza? ¿Cómo se sentía cuando Jesús – el maestro y amigo que había traicionado – se arrodilló alante de él y con mucho amor empezó a lavarle los pies?

Judas had no way of knowing that Jesus was already totally aware of everything that had happened. I just imagine him sitting there uncomfortably, watching Jesus pour water over his dirty feet and gently scrub them clean, all the while thinking to himself, “Oh Jesus, if only you knew where these feet had been – with pharisees and with people who wish to see you dead – you wouldn’t touch them with a ten foot pole.”

I felt similarly when my classmate made preparations to wash my feet. I thought, “If only you knew how raw and cracked and diseased my feet are, you’d never want to touch them.” And so I kept them hidden away under my socks and shoes, too ashamed to show the truth to others and too afraid that they would judge me. And my guess is that all of you here tonight know something about that fear and the shame and the hiding, too.

  • Perhaps here tonight there are other feet like mine that suffer illness.
  • Perhaps there are people here tonight who have been made to feel fear or shame about their feet because their feet are aging and don’t work the way they used to, or perhaps because their feet walked across a border without permission, seeking a better life.
  • Perhaps there are people here tonight who feel anxious or guilty because their feet walked away from a friend or from someone in need, or because their feet seem to always walk toward addiction instead of toward healthier choices.
  • Perhaps there are people here tonight who feel like hiding because of how often their feet seem to falter in the path of discipleship.

And perhaps, tonight, we come before Jesus like Judas, full of fear and shame, hiding the truth away under socks and shoes, hoping that Jesus can’t smell the way our feet stink. But we can’t fool Jesus about the truth of ourselves any more than Judas could. Jesus knows us through and through: our weakness and need, our failings and our brokenness, our fears and our doubt. Nothing about us is hidden from him.

Judas no sabía que Jesús ya tenía conocimiento de todo lo que había pasado. Yo imagino que se sentaba incómodamente, viéndo a Jesús lavar sus pies, y pensando, “Ay Jesús, si supieras por donde han andado estos pies – con los fariseos y los demás que te quieren matar – jamás los tocarías ni con un palo bien largo.”

Así sentía yo cuando mi compañera de clase se preparaba para lavarme los pies a mi: “Si supieras que tan partidos e irritados y feos que están mis pies, jamás los querrías tocar.” Así que los escondí bajo mis calcetines y mis zapatos; estaba demasiada avergonzada para mostrar la verdad a los demás, y tenía demasiado miedo de ser juzgada. Me imagino que todos ustedes aquí también entienden algo del miedo y la vergüenza y el esconderse.

  • Quizás hay otros pies aquí esta noche que sufren de enfermedad como los míos.
  • Quizás hay gente aquí esta noche que han aprendido de otros de sentir miedo o vergüenza sobre sus pies porque sus pies se están envejeciendo y ya no funcionan como antes, o quizás porque sus pies cruzaron una frontera sin permiso en busqueda de una vida mejor.
  • Quizás hay gente aquí esta noche que se sienten ansiosos o culpables porque sus pies se alejaron de un amigo o de una persona necesitada, o porque sus pies siempre se dirigen hacia la adición y no a opciónes más sanas.
  • Quizás hay gente aquí esta noche que tienen ganas de esconderse por lo mucho que sus pies fallan en seguir el camino del discipulado.

Y quizás esta noche, venimos ante Jesús como Judas, llenos de miedo y vergüenza, tratando de esconder la verdad bajo calcetines y zapatos, esperando que Jesús no se dará cuenta de como nos apestan los pies. Pero es imposible que engañemos a Jesús. Él sabe nuestra verdad, igual que sabía la verdad de Judas. Nos conoce de cabo a rabo: nuestra debilidad y necesidad, nuestras fallas y nuestro quebrantamiento, nuestros miedos y nuestras dudas. Nada de nosotros se le oculta a él.

And Jesus, who knows all our secret shame and sin, is the one who kneels before us now in love. It is Jesus who knows our uncleanness who washes us in the waters of our baptism. It is Jesus who knows our unworthiness who invites us to feast with him at this table. It is Jesus who knows our brokenness who makes our broken selves whole – through the breaking of his own body.

Tonight is the night. And Jesus kneels before each one of us, towel around his waist, basin of water ready. He gently washes each of our feet, taking us into his loving hands with all of our dirt and sin. And as he pours the clean water of mercy over our feet, he says to us, “I love you. I forgive you. You are precious. You are mine.”

Jesus knows all of us and accepts us, even in our brokenness. And through his radical, servant love, Jesus transforms us into a new creation. We have been washed in water, redeemed by blood, and filled with the Holy Spirit. The old has passed away and we are a new creation, born of love, a people made whole and holy. And this is the love that we are now empowered to share with others, all because of the one who first loved us. Ω

Y Jesús, conociendo todo nuestro pecado y vergüenza secreta, es él que se arrodilla ante nosotros con amor. Conociendo nuestra inmundicia, Jesús nos lava en las aguas de nuestro bautismo. Conociendo nuestra miseria, Jesús nos invita a disfrutar con él del banquete en esta mesa. Y conociendo nuestro quebrantamiento, Jesús sana nuestras vidas a través de sacrificar su propia vida.

Esta es la noche. Y Jesús se arrodilla ante cada uno de nosotros, toalla atada en la cintura, agua lista en el recipiente. Tiernamente él nos lava los pies, llevándonos en sus manos con toda nuestra mugre y pecado. Y mientras derrama el agua limpia de la misericordia sobre nuestros pies, nos dice, “Te amo. Te perdono. Eres precioso. Eres mía.”

Jesús nos conoce por completo, y nos accepta, aún con nuestras fallas. Y por su amor radical, Jesús nos transforma en una nueva creación. Nos lavó en el agua, nos redimió con su sangre, y nos llenó del Espíritu Santo. Lo viejo ha pasado y somos una nueva creación, nacida del amor, una gente sana y santa. Y ya somos empoderados de compartir este amor con todos los demás – porque es el amor de aquel que primero nos amó a nosotros. Ω

Pope Francis women prisoners 2013

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About Day Hefner

Day Hefner is a seminarian at the Lutheran School of Theology in Chicago (LSTC), going through the candidacy process to become an ordained pastor in the Evangelical Lutheran Church in America (ELCA). Before moving to Chicago for seminary, she worked teaching English and job skills to refugees and immigrants in her native state of Nebraska, and also spent a year on staff at the Nebraska Synod office. Prior to that, she served for four years as a Peace Corps Volunteer in the Dominican Republic. Currently, she works part-time as an itinerant preacher. Her interests include Latinx ministry and immigration activism, as well as interfaith and development/redevelopment ministry. She also has a degree in music, loves cats, and is an avid crafter.
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